viernes, 3 de julio de 2026

Segundas oportunidades; La vida oculta de los objetos que sobreviven a las personas

 








Hace dos meses hice un hallazgo que ha resonado en mí desde entonces y que he tenido que vivir reflexionando, haciendo memoria entre mis propias experiencias y rescatando recuerdos de hace ya mucho tiempo. El hallazgo fueron unos cassettes en casa de mi abuela, hubo varios, de diferentes personas pero sobretodo de un familiar muy cercano que murió apenas hace un año, un tío muy querido y que en lo personal estimo que ha dejado una huella imborrable por muchas razones, sin embargo hay una en particular que ha permanecido intacta con el paso de los años y es la parte musical, esa melomanía que viene de ambos lados familiares pero que en mi papá y sus hermanos estuvo muy marcada y que a algunos nos ha marcado de por vida como hijos o sobrinos.


Al verlos, después de darme cuenta de ellos y ver qué había de manera general durante un tiempo considerable no solo vi plástico, cintas magnéticas ni unos con etiquetas escritas a mano, vi el tiempo mismo encapsulado. Ejemplos de canciones y artistas que alguien había elegido escuchar una vez tras otra, los viajes en automóvil que algunas veces considerables hicimos durante mi etapa formativa, siempre con la intención de mostrar algo, de influir en el futuro de mis propios gustos; cuántas tardes de limpieza, de fines de semana, de reuniones, una que otra decepción amorosa y muchas celebraciones por hablar de todas esas cosas que me vinieron a la mente. 


Fue cuando de repente apareció una pregunta que al principio parecía absurda en el año en curso: Dónde podría escuchar todo esto? 🧐


Vivimos rodeados de millones de canciones disponibles al instante y, sin embargo, cada vez tenemos menos maneras de escuchar nuestra propia historia. No porque falte tecnología sino porque dejamos morir los objetos que la hacen posible.

📻 Las grabadoras desaparecieron de las tiendas. Los reproductores de CD ocupan un rincón del mercado. Los videocasetes parecen piezas de museo. Reparar un aparato cuesta, en ocasiones, más que comprar uno nuevo... si es que todavía existe.

Nos convencieron de que actualizar era avanzar, pero nadie habló del precio de abandonar y ese precio es desestimable.


Hay muchas realidades y en esta ciudad estoy convencido de que existen las segundas oportunidades, esa que sobrevive en los mercados sobre ruedas, en los tianguis del domingo, en locales escondidos dentro del Centro Histórico y en esos talleres donde todavía alguien sabe cambiar una banda de hule o limpiar un cabezal magnético. En esta ciudad que describo los objetos no están muertos, viven para unos cuantos, simplemente están esperando: esa famosa segunda oportunidad. ⏳


Dentro de ese ejercicio de descubrimiento quise echar a andar dos grabadoras, de esas con radio, cassette y para cd’s, ninguna funcionó pero por el contrario, me hablaron de lo que contenían, de eso a lo que se le dio play por último. Me dieron ganas de mandarlas a reparar y mantenerlas en uso de nuevo, rescatar mi colección de Cd’s que en algún momento decidí guardar y almacenar como parte de mi legado musical. Esas reparaciones no son lo más práctico pues tenerlas de nuevo puede costar mas que adquirir otras de uso por la mitad del precio, en esa disyuntiva actual me encuentro (se aceptan sugerencias). Quisiera hacerlo como un acto de Psicomagia, no por lo práctico ni porque el sonido del casete sea superior, sino por simplemente seguir ocupando los objetos y manteniendo los recuerdos de alguien. En una de esas hasta los propios. 💽


No todo merece ir a la basura, reparar es un acto rebelde en una realidad donde la cultura del desechable prevalece, esa de la obsolescencia programada, es una rebelión contra la lógica del consumo permanente, sí, de esa locura. No podemos darle valor solo a todo lo que sale de una caja, me resisto a ello.


Mientras pensaba en todo esto de las grabadoras me enfoqué en mi colección de discos compactos. Durante años fueron el formato definitivo, después se volvieron viejos y ya vinieron toda una gama de aparatos de nueva generación con entradas USB y con conexión a Bluetooth que todos conocemos ya.

Hoy muchos los consideran estorbos, sin embargo, abrir una caja, leer el booklet, observar la portada, recordar dónde compraste aquel álbum y colocarlo en un reproductor sigue siendo una experiencia que ningún algoritmo puede replicar. Yo puedo decir porque es real, que sé de donde proviene todos y cada uno de los cd’s que mantengo dentro de mi colección porque también me hice de varios heredados en vida de colecciones privadas de gente cercana, así que se nutrió mi colección aun en su obsolescencia.

El streaming nos da acceso, los objetos nos dan contexto.


Ahora llegaron hasta mí.

No como una herencia económica.

Sino como una conversación interrumpida. ☕️


La economía del usado ha dejado de ser únicamente una necesidad económica; empieza a convertirse en una forma distinta de entender el consumo.

Comprar usado, reparar, intercambiar o conservar ya no habla solamente del bolsillo, habla de memoria, habla de sostenibilidad, habla de identidad.

Porque un objeto usado nunca llega vacío, siempre llega acompañado de otra historia.

Y a partir de ese momento, comienza la nuestra o por lo menos le da continuidad para que le demos rienda suelta a la nostalgia.


Quizá cuando finalmente presione el botón de Play no sólo escuche música.

Tal vez escuche algo mucho más difícil de encontrar en estos tiempos;

La certeza de que las personas se van.




H.








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