martes, 30 de diciembre de 2025

Cuando la experiencia de usuario se rompe

 


Ser cliente cuando algo sale mal: dos experiencias con marcas grandes en México


La experiencia de usuario funciona… hasta que deja de convenirle a la marca


Ser cliente de una gran marca es sencillo mientras todo funciona. Pagas, consumes, avanzas. La eficiencia se mantiene silenciosa y la promesa de “experiencia de usuario” se cumple mientras todo el engranaje fluye.

El problema aparece cuando algo falla. Ahí empieza toda una odisea.

Ahí el cliente deja de ser cliente y se convierte en variable. En un maldito folio 😵‍💫. En daño colateral de un sistema que no está diseñado para escuchar, sino para resistir.


En semanas recientes viví dos experiencias distintas con marcas de consumo masivo en México. No fueron fraudes ni abusos escandalosos. Fueron episodios cotidianos, casi triviales y eso deja de serlo cuando afecta lo económico 💰, que juntas exponen la siguiente verdad incómoda: las marcas funcionan mejor cuando no tienen que hacerse cargo de nada.



AT&T México: cuando el sistema no se equivoca, aunque se equivoque


La primera experiencia fue con AT&T México y el adelanto de una requisición de pago en un plan anual.

No hubo una negativa abierta ni un “no se puede”. Hubo algo más sofisticado: un sistema que avanza, cobra y luego te invita amablemente a entender por qué ya ocurrió.


La atención al cliente fue correcta, educada, impecable en la forma. Justamente por eso fue tan frustrante. El lenguaje no estaba ahí para resolver, sino para justificar. Para explicar por qué el proceso ya pasó y ahora lo único viable es adaptarse.


El mensaje era claro: el sistema no se equivoca. Si algo salió mal, fue fuera de su alcance… o de tu comprensión. 😖


Aquí de lo que se trató fue que dieron una información en su App para realizar la renovación en fecha y forma pero a la mera hora cancelaron mi servicio 3 días antes de dicha fecha, con evidencia y todo no hubo nada que hacer mas que dar el pago del plan. 45 minutos de ida y vuelta con su área de servicio al cliente (misma que ya sabe todo el mundo cómo es en estos tiempos post covidianos).



Cambian los servicios, no la lógica


Uno podría pensar que se trata de un caso aislado. Un error administrativo, una fricción más en la vida digital.

Hasta que ocurre algo distinto, en otro sector, un mes después de la primera experiencia y la sensación es idéntica. Entonces deja de ser coincidencia y empieza a parecer patrón.



Sports World CDMX: la confianza también se entrena… y se pierde 🏊🏼‍♂️


Un gimnasio no es un espacio de riesgo (o al menos no debería). Es rutina, disciplina, autocuidado. Es un lugar donde uno baja la guardia porque confía.

En un Sports World de la Ciudad de México, esa confianza se rompió cuando un locker fue abierto y se llevaron pertenencias de valor. 🙅🏽‍♂️🦹🏽‍♂️


El impacto económico, sumando lo perdido y los gastos derivados, rondó los $20,000 pesos mexicanos.

Pero el golpe real no fue el monto. Fue la respuesta posterior: protocolos vagos, responsabilidades diluidas y una narrativa implícita que normaliza la pérdida como si fuera parte del uso.


No hubo confrontación, pero tampoco hubo respaldo. Como si el problema no fuera lo suficientemente excepcional para merecer una respuesta proporcional. Como si perder fuera una posibilidad aceptadasiempre y cuando pierda el usuario.



El desgaste es parte del modelo


Ambas experiencias comparten algo más que la frustración 🙇🏽‍♂️. Comparten una misma lógica: el desgaste como filtro definitivo.


Llamadas, correos, seguimientos (que no han llevado a nada).

Repetir la historia hasta que pierde fuerza.

Administrar el cansancio mientras la marca administra el riesgo.


Cuando reclamar cuesta más que desistir, el sistema ya cumplió su función. No necesita resolver: necesita que te rindas y eso emocionalmente es agotador.

Eso también es diseño, planeado y no en tu beneficio tristemente.



No es una denuncia. Es un síntoma.


Este texto no busca culpables individuales ni soluciones rápidas. Busca nombrar una experiencia cada vez más común: la del usuario que paga, confía y se queda solo cuando algo sale mal.


Las marcas no fallan por ser grandes. Fallan cuando su tamaño les permite blindarse del impacto real de sus errores. Ante esto parece no haber salida desafortunadamente.


La pregunta no es si esto va a seguir pasando.

La pregunta es: cuánto tiempo más vamos a seguir llamándolo “experiencia de usuario”?




h.






jueves, 13 de noviembre de 2025

🏆 México ante el 2026: entre la vitrina mundialista y el espejismo de la foto perfecta

 🏆 México ante el 2026: entre la vitrina mundialista y el espejismo de la foto perfecta


México vuelve a ponerse bajo los reflectores del mundo. Por tercera vez en la historia, nuestro país será sede de un Mundial de Futbol, esta vez compartiendo escenario con Estados Unidos y Canadá. Las tres ciudades más importantes —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— se preparan para recibir a miles de visitantes, con la esperanza de proyectarse como verdaderos destinos de clase mundial. Pero para que eso ocurra, no basta con entusiasmo: hace falta inversión seria en infraestructura, movilidad, turismo y, sobre todo, seguridad.


En el caso de la capital, la planeación apunta alto. Se calcula que más de 6,000 millones de pesos serán destinados a infraestructura, transporte, deporte y cultura. De ese monto, el Estadio Azteca, sede del partido inaugural, se lleva una tajada importante: cerca de 3,000 millones para modernizar accesos, renovar el césped y adecuar sus instalaciones a los estándares FIFA. El AICM, por su parte, invertirá más de 8,500 millones de pesos en obras que van desde la mejora de pistas y terminales hasta un paso elevado en la Terminal 2.


La movilidad será otro de los grandes retos. Se planea la rehabilitación del Tren Ligero, la ampliación del trolebús, la renovación de las líneas 1 y 3 del Metro y la tan debatida ciclovía Gran Tenochtitlán, en el sur de la ciudad. También se prevé la mejora de varios CETRAM, entre ellos los de Universidad, Tasqueña y Huipulco.


En cuanto a cultura y turismo, los planes parecen más modestos: iluminación del Centro Histórico, de Bellas Artes y del Zócalo, además de actividades culturales y artísticas en espacios emblemáticos. Poco, si se piensa en la oportunidad que representa un evento de esta magnitud.


El gobierno capitalino promete que este Mundial será un motor de desarrollo económico, cultural y turístico. Las cifras suenan ambiciosas: 24,000 empleos generados, una derrama económica de más de 20,000 millones de pesos y hasta 5.5 millones de visitantes adicionales. A ello se suman propuestas curiosas y coloridas, como el festival “México de mis Sabores”, una muestra itinerante que combinará gastronomía, arte y artesanías en el Campo Militar Marte, o el llamado “Mundial para todo México”, un campeonato nacional entre localidades de Pueblos Mágicos que, si realmente se lleva a cabo, podría ser una joya para la identidad local.


Como dato de trivia, México será el único país del mundo en haber albergado tres partidos inaugurales. Y en lo deportivo, este Mundial también marca diferencias: 16 sedes, 104 partidos y 48 selecciones, todo bajo un formato extendido que promete emociones, pero también retos logísticos inéditos.


Las proyecciones económicas hablan de un crecimiento del 235 %, casi cuatro veces lo que deja la Fórmula 1 en la capital. Cifras que suenan bien… aunque falta ver si se cumplen. Porque, más allá del entusiasmo, el Mundial será una prueba nacional: de infraestructura, de organización, de civismo y de capacidad real para sostener un evento de esta escala.


Uno de los mayores desafíos será la digitalización del comercio. México sigue siendo un país que depende del efectivo, y se pretende que durante el Mundial los visitantes puedan moverse sin billetes, desde el estadio hasta los tacos callejeros, pagando todo con medios digitales. Una idea moderna, sí, pero también pretenciosa para nuestra realidad actual.


Incluso se menciona que este impulso podría detonar la sede de la Copa Mundial Femenina de 2031, algo que no sonaría descabellado: el futbol femenil crece, emociona y, sin duda, merece su propio escaparate global.


Ahora bien, si nos vamos a lo básico: ¿cuánto costará vivir el Mundial en carne propia? El boletaje oscilará entre 38,000 y 69,000 pesos por persona, cifras más altas que las de Brasil 2014, pero aún más accesibles que Qatar 2022, considerando vuelos y hospedaje. La Asociación de Hoteles de la CDMX estima tarifas promedio de 180 dólares por noche, el doble de lo que se cobra actualmente.


Se promete una ciudad transformada, aunque ya sabemos que en México las promesas tienden a inflarse como globos tricolores en época electoral. Aun así, si quieres echarle un ojo a lo que el gobierno capitalino plantea como “la gran transformación rumbo al 2026”, aquí está la liga oficial:

👉 Para el Mundial de Futbol del 2026, la Ciudad se transformará totalmente – Jefa de Gobierno Clara Brugada Molina


El Mundial del 2026 será, más que una fiesta deportiva, un espejo: mostrará qué tan capaz es México de organizar, de planear y de cumplir sus propias promesas. Las cifras entusiasman, los discursos abundan y la emoción se respira en el aire, pero lo que realmente quedará será lo que logremos construir más allá del silbatazo final. Si la Ciudad de México consigue transformar su infraestructura y su rostro urbano con visión a largo plazo, entonces sí habrá valido la pena. Si no, solo habremos pintado la fachada para la foto mundialista.

martes, 21 de octubre de 2025

Sustentabilidad: cuando la conciencia se vuelve ahorro

       Sustentabilidad: cuando la conciencia se vuelve ahorro


Hola. En esta ocasión me di a la tarea de investigar con mayor profundidad la problemática que enfrentamos los ciudadanos de esta caótica ciudad en torno al ahorro sustentable y las medidas que podemos adoptar para mejorar nuestro entorno. También me encontré con que muchas de estas acciones no solo son buenas para el planeta, sino que además pueden generar incentivos económicos bastante atractivos, lo cual me parece fabuloso.


Desde hace unos tres años me ronda la idea de aprovechar mejor los recursos naturales a través de la recolección de agua de lluvia o la instalación de paneles solares en la azotea. Ambas opciones buscan lo mismo: ahorrar energía y reducir el desperdicio, adaptándose a las condiciones de cada zona y a las etapas del año. No recibimos la misma cantidad de agua todo el tiempo, pero en cambio la radiación solar se mantiene constante prácticamente todo el año, al menos en el centro del país. Es decir, tenemos un recurso disponible que a menudo dejamos pasar.


Conozco dos ejemplos cercanos de personas que ya han implementado estas medidas. Uno instaló un sistema de captación pluvial, y otro colocó paneles solares en la azotea de su departamento. En ambos casos, los resultados fueron sorprendentes, sobre todo en el aspecto económico: un ahorro de casi el 80% en los servicios. Sí, la inversión inicial fue fuerte, pero en apenas dos años se recuperó y desde entonces solo han disfrutado de los beneficios. Estos casos, que me constan personalmente, son prueba de que las soluciones sostenibles funcionan.


Además, está comprobado que estos modelos participativos fortalecen la adopción social de nuevas tecnologías. Cuando la ciudadanía se involucra, se genera conocimiento local, cohesión vecinal y un sentido de corresponsabilidad. Es una forma de enfrentar juntos los retos de la contaminación y del uso racional de los recursos naturales. De paso, se propicia un entorno más sano, seguro y colaborativo: una comunidad más viva.


La evidencia también lo respalda: la instalación de paneles solares y calentadores de agua puede disminuir el gasto en electricidad y gas hasta en un 60% anual. La captación de lluvia, por su parte, reduce significativamente el consumo de agua potable. Y si hablamos de azoteas verdes, estas ayudan a mantener los hogares frescos durante los veranos sofocantes y cálidos durante el invierno, generando confort con un gasto energético menor. En conjunto, son pequeñas acciones que cambian la lógica del consumo urbano.


Ahora bien, más allá del impacto ambiental, también existen incentivos concretos para quienes adoptan ecotecnologías en la vivienda, al menos en la CDMX. Aquí algunos de los más destacados:

1. Reducción de hasta un 25% en el pago del impuesto predial para viviendas que tengan un área verde equivalente a un tercio del terreno, o bien, que cuenten con árboles adultos dentro del predio.

2. Descuentos fiscales de hasta el 10% por la instalación de azoteas verdes.

3. Estímulos en la facturación de agua y electricidad, con beneficios de hasta el 20% en los cobros de servicios públicos para quienes implementen paneles solares o sistemas de captación pluvial.

4. Créditos especiales, como la “Hipoteca Verde” o programas de mejoramiento de vivienda, que otorgan financiamiento adicional para la instalación de sistemas ecológicos.

5. Reconocimientos oficiales, constancias ambientales y exenciones de impuestos a edificios certificados como sostenibles.


Enumeré solo cinco, pero hay más si uno busca con calma. Lo importante es saber que existen opciones, y que están al alcance si se decide dar el paso.


Con este texto quiero dejar sembrada una idea: que la conciencia ambiental no es un lujo, sino una urgencia compartida. Me enfoqué en la CDMX, pero muchos de estos conceptos aplican también al interior de la República. Pienso, por ejemplo, en la energía eólica o los huertos urbanos, que además de producir alimentos, enseñan a reconectar con el entorno y con los ciclos naturales.


Al final, cuando nos hablan de incentivos fiscales o de ahorros reales en los servicios que consumimos, la cosa se pone interesante. A todos nos conviene, pero más allá del beneficio económico, lo que realmente cuenta es ese pequeño acto de conciencia que podemos aportar a esta gran colectividad que habitamos.


“Porque cuidar el planeta también puede ser un acto de inteligencia colectiva y de supervivencia urbana.”